El nerviosismo pasivo: entre la incomprensión y la frustración

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Autor: José Ángel Caperán. Psicólogo deportivo de deportedecabeza.com y futboldecabeza.com.

Uno de los principales objetivos del entrenamiento psicodeportivo es el dominio de la activación psicofisiológica, es decir, el grado de “agitación”, de activados, que estamos en el momento de competir. Muchos deportistas confunden activación con nerviosismo y no es exactamente así.

 

Primero: distinguimos entre activación fisiológica y activación cognitiva:

La activación fisiológica puede ser alta o baja, muy agitado o muy relajado.

La activación cognitiva puede ser negativa o positiva, desmotivadora o motivadora, pensamientos negativos o positivos, respectivamente.

Segundo: ¿qué es el llamado “nerviosismo”?

Precisamente cuando los pensamientos que tiene el deportista ante la competición son negativos y, además, la activación fisiológica es alta, conformamos lo que normalmente tendemos a llamar nerviosismo.

Tercero: ¿eres un nervioso pasivo?

Sin embargo, también hay una forma de nerviosismo que es más difícil de identificar y de entender para muchos entrenadores y padres: cuando el deportista está inundado de pensamientos negativos y, sin embargo, su activación fisiológica es baja, es decir, parece tranquilo.

En este caso nos encontramos con una evitación de la competición y en una situación aún peor que si estuviera muy agitado, pues ni siquiera se rebela físicamente ante estos pensamientos negativos sino que se deja arrastrar por ellos hasta “darle igual”.

Para cualquier padre, entrenador o compañero, siempre es más satisfactorio ver a un jugador activado fisiológicamente, que sude, que vibre, que haga movimientos enérgicos aunque sean descoordinados, que grite aunque sea de frustración, que ver a un jugador aparentemente desganado que, incomprensiblemente, parece bajar los brazos y correr como un zombi por el campo con la mirada perdida.

El entorno del deporte de élite no está ni formado ni acostumbrado para afrontar este tipo de “nerviosismo pasivo”, pues se suele etiquetar a ese jugador como vago, poco comprometido, triste y poco competitivo. También se tiende a subirle la activación física incrementado la activación cognitiva negativa con críticas, con amenazas, con comentarios hirientes, suponiendo, equivocadamente, que ese jugador está relajado cuando realmente su tono muscular es muy alto y suele llevar a bloqueos musculares y conducir a lesiones que alimentan ese círculo vicioso de la incomprensión.

Porque, hemos de tenerlo claro, estos deportistas no están relajados sino superados por el nerviosismo. Su personalidad, como mecanismo de defensa, no acepta el fracaso ante algo que parece importarle, por lo tanto: acaban autoconvenciéndose de que no les importa (es más fácil de aceptar así el fracaso).

Finalmente estos deportistas suelen rendirse a las etiquetas de sus entrenadores, sus padres y compañeros, y aceptarlas: soy vago, soy miedoso, soy débil, no soy competitivo. Acaban aceptando estos “sambenitos” y, además, actuando como tales, dando lugar a la cruel profecía autocumplida, es decir, ellos saben lo que me pasa, ellos ponen nombre a lo que me pasa y los resultados les avalan, ¿quién soy yo para revelarme ante la evidencia?

Objetivo del entrenamiento psicológico en el nerviosismo pasivo: pasar el nerviosismo pasivo al nerviosismo activo.

1º. El psicólogo deportivo trabaja los pensamientos negativos que más influyen en la falta de autoconfianza en la competición. Traduciéndolos, no a pensamientos positivos sin más, sino a instrucciones concretas que llevar a cabo (pensar en lo que hay que hacer, no en lo que no hay que hacer) en la competición.

2º. Una vez que el deportista aumenta mínimamente su autoconfianza en la competición su activación fisiológica comienza a reaccionar pues ya hay menos posibilidades de fracasar y, por lo tanto, se activa el miedo a perder (cuando antes no lo había porque se daba por hecho que fracasaría) y, por supuesto, el nerviosismo (activo).

En las siguientes entradas plantearemos el entrenamiento psicodeportivo para autorregular la activación fisiológica en función de las demandas de la competición y lograr la activación cognitiva positiva (motivación y autoconfianza).

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José Ángel Caperán

Psicólogo deportivo

futboldecabeza.com

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